
«Señor, deje la higuera todavía por un año más, para que yo pueda cavar a su alrededor y echarle abono. Así, tal vez, en delante de fruto; si no, córtela». Este simbólico fragmento de la parábola de la higuera, recogida en los Evangelios de San Lucas, guió la celebración de la función principal del Cincuentenario de la Refundación de El Caído. Un santo y seña con el que la hermandad se identificó y al que recurrió en diversos momentos de la eucaristía. Una misa, cargada de emociones y recuerdos, en la que estuvieron presentes los primeros hermanos de esa nueva etapa de la cofradía que se inició el 19 de marzo de 1960, día en le que se celebraron los primeros cultos de la recuperada hermandad.
Pasaba la una de la tarde cuando el obispo de Cádiz y Ceuta, Antonio Ceballos, –que presidió la eucaristía– atravesaba el dintel de la capilla de Vera-Cruz para iniciar la procesión claustral por el interior del templo, previa al inicio de la misa. Un acto que se desarrolló ante cientos de fieles de la hermandad que abarrotaron los bancos de San Francisco para no perderse uno de los primeros actos del año de la Refundación. Mientras, en el exterior una fuerte tromba de agua zarandeaba los naranjos de la plaza de San Francisco desprendiendo los primeros aromas de azahar.
Un momento para el recuerdo
En sus más de 20 minutos de homilía, Ceballos animó a los cofrades de El Caído a mantener «la fe un año más, como en la parábola de la higuera». El obispo no quiso perder la ocasión para mostrar su apoyo a «las víctimas de los terremotos de Haití, Chile y de las inundaciones provocadas por las lluvias». Para Ceballos, los 50 años de trayectoria de la hermandad del Martes Santo constituyen un ejemplo del que «todos deben aprender para construir el futuro». Un consejo que los cofrades no quisieron que cayera en saco roto.
Por ello, al final de la misa –que duró más de una hora–, el hermano mayor de la cofradía, Pedro Pablo Reynoso, entregó unas distinciones a los primeros hermanos que este año cumplen los 50 años de pertenencia. «Un verdadero ejemplo para las futuras generaciones» y que ayer recibieron un cuadro conmemorativo realizado en barro y que representaba «la Cruz caída, la rosa de la Virgen de los Desamparados y los faroles de la Alameda, verdaderos emblemas de la hermandad y de su Cincuentenario».