
Los hermanos de la decana hermandad del Santísimo Cristo de la Vera-Cruz guardaran en un rincón privilegiado de su memoria tanto el transcurso de la pasada Cuaresma como la estación de penitencia que realizaran en la tarde de hoy Lunes Santo por las calles de nuestra ciudad.
El motivo no es otro, que la reposición al culto de su titular, el cual ha sido sometido a un importante proceso de restauración que ha consistido en una profunda limpieza de la imagen, traída de Nápoles en 1.773 y obra de escultor Giussepe Picano.
Fueron sus propios hermanos los que decidieron, a través de un cabildo, los trabajos encomendados al restaurador José Miguel Sánchez Peña. Los objetivos de la restauración eran muy claros: se procedería a limpiar de manera minuciosa el polvo y la suciedad acumulada en la imagen por el paso de los años, así como la reintegración de la policromía en varias zonas del Crucificado la cual se encontraban desgastadas. En un primer momento también se pensó en someter a la imagen a un tratamiento antixilófagos, que fue descartado cuando el restaurador comprobó el buen estado de la madera, debido a que durante el mandato del anterior Hermano Mayor Francisco Jiménez Salguero, se llevo a cabo un tratamiento preventivo y curativo de madera en profundidad. Potente actividad frente a todo tipo de insectos xilófagos, como la carcoma, la cual ataca directamente devorando la madera.
Igualmente se le encargo al escultor la realización de una nueva cruz arbórea, unos 15 centímetros mas larga que la anterior, y de una nueva corona de espinas, más acorde en dimensiones a la cabeza del Señor. La intención tanto de la hermandad como del restaurador era reponer al culto al Crucificado para la Cuaresma, pero el proceso tuvo que ser prolongado, debido a que Peña recomendó a la hermandad realizar las labores de limpieza de una manera mas profunda ya que desde el año 83 no se intervenía a la imagen. La talla había acumulado gran cantidad de suciedad por numerosas zonas, lo que provocó que la imagen estuviera ausente durante la celebración de los cultos que celebró la corporación del Lunes Santo en la primera semana de Cuaresma.
El pasado 18 de marzo el Cristo de la Vera-Cruz regresó a San Francisco para presidir su besapie y fue entonces cuando sus hermanos vivieron el día más gozoso de la Cuaresma de 2010. «Se ha rescatado una imagen de gran valor para el patrimonio eclesiástico de la ciudad, puedo decir que nos hemos encontrado con un Cristo nuevo y más hermoso», explicó el hermano mayor de Vera- Cruz, Miguel Morgado. Entre los muchos detalles que ahora se aprecian en el Cristo, a Morgado le ha impresionado mucho «la actuación realizada en el sudario». Este se encontraban muy deteriorado por la colocación de un sudario de tela.
«La respuesta de los fieles ha sido muy positiva», matizó Morgado que pudo apreciar a los hermanos encantados de ver un Cristo que deja ver detalles de su anatomía, los cuales anteriormente se encontraban enmascarados por el polvo húmedo, muy típico en el interior de nuestras iglesias. El hermano mayor explicó que la ausencia del Crucificado durante la Cuaresma «ha ayudado a los hermanos en aumentar más si cabe, el sentido de la convivencia», así como una manera distinta de celebrar los cultos cuaresmales.