
Ponme algo fresquito que son muchas horas tocando la corneta». Con estas suplicantes palabras un joven componente de la Agrupación Musical Polillas trataba de saciar su sed en las inmediacones de la iglesia del Carmen. No le faltaba razón. Desde ese momento hasta que sonase el himno de España por última vez iban a pasar nueve horas. Y lo que le quedaba. Hoy en el Caído, mañana en La Algaba, hasta culminar el Domingo de Resurrección abriendo la procesión de Gloria en Sevilla. Como decía hace poco en televisión su director, Manolo García Fornell, «lo de estos chavales es un hobbie, porque apenas se reparten diez mil euros cuando acaba la Semana Santa».
Poco a poco los músicos de Polillas entran en el templo carmelitano. En su interior, una cara de emoción sobresale por encima de las demás. Es la de la hermana mayor, Rosa de la Jara, que marca un hito, otro más, en nuestra Semana Santa. Se trata de la primera mujer que porta la varilla dorada en un desfile, símbolo inequívoco de su recién estrenado cargo. Con puntualidad se abren las puertas tras la confusión provocada por los itinerarios oficiales donde figuraba que la cofradía tenía previsto poner su cruz de guía en la calle a las cinco y cuarto y no a las cinco.
El cortejo se organiza rápidamente en presencia de los hermanos mayores de Borriquita, El Carmen y Ecce Homo, Ignacio Ortiz, Manuel Cotorruelo y José Luis Rodríguez, respectivamente. Uno de los momentos para la posteridad se vive con la primera levantá ordenada por el padre Antonio que recordó a los del palo la responsabilidad y el sentimiento que debían poner, para, posteriormente, pasar a un discreto y elegante segundo plano. Suena Jesús en su Prendimiento y el misterio, tras superar sin problemas el dintel, se encuentra con su barrio del Mentidero. Fondo, y con agilidad, se enfila hacia Calderón de la Barca mientras suenan los acordes de Transitu Domini.
Dentro de la parroquia, Francisco García Palos no puede reprimir las lágrimas, algo lógico porque han sido algunos años al frente del paso del Señor y ahora le toca llevar a su Patrocinio. Su gente, con unas camisetas donde no pueden ocultar su devoción por una de las Reinas del Mentidero, se introduce en el paso. Uno de ellos tuvo que ser trasladado a la clínica de la Salud poco antes de la recogida. El director de la Fundación Zoilo Ruiz-Mateos, Juan Miguel Villalba, es el encargado de ordenar la primera levantá: «Yo soy uno de los 70 a los que le gustaría ir ahí abajo», espetó a la cuadrilla. Delante de la Virgen se dejaba notar una representación de la vecina hermandad de la Borriquita y de la cofradía de El Perdón. Suena Victoria del Patrocinio Gaditana y la Dolorosa sale al compás de la música para dar un segundo fondo, tras un suave mecido acompañado por Coronación de la Macarena. A partir de ahí ya sólo quedan nueve horas para el reencuentro con su barrio en la madrugada del Martes Santo tras un brillante paso por la carrera oficial.