
Ayer no era un Martes Santo cualquiera para la cofradía de El Caído. Era un día de despedida, de recuerdos y de emociones encontradas. Después de varias décadas, la capilla del colegio mayor Beato Diego de Cádiz abrió ayer por última vez sus puertas para que las tres cruces de guía de la hermandad se ubicasen bajo su dintel a las 16.30 horas. Dentro de dos años lo hará de nuevo, pero con un aspecto diferente, renovado, gracias a la actuación de recuperación que iniciará la Oficina de Rehabilitación de la Junta de Andalucía en este histórico edificio, y que obligará a la hermandad a desalojar este espacio en el último trimestre de este año.
Quince minutos más tarde de que se formase el cortejo de esta hermandad marianista en el patio de este colegio mayor, la cuadrilla de hermanos cargadores del paso de misterio acercó hasta la puerta al Nuestro Padre Jesús Caído. El Señor se encontró con Cádiz, frente al Parque Genovés y bajo un sol radiante, e inició su camino hacia la Catedral con la marcha Caído de su desamparo, interpretada por Polillas.
Sólo media hora después, a las 17. 15 horas, la cuadrilla de cargadores de María Santísima de los Desamparados bajaba del altar el paso de la Dolorosa, mientras que varios miembros de la banda de música María Santísima de la Victoria de Sevilla interpretaba música de capilla.
Una vez montado el paso en la calle, y después de que Juan Zamanillo pusiese la corona a la Reina del Parque, los hermanos de fila tomaron el itinerario para llegar hasta la calle San Rafael y visitar a los enfermos que se encuentran hospitalizados en este centro. Un cortejo formado, entre otros, por numerosos monaguillos que acompañaban a los titulares, algunos incluso bebés de apenas un año que iban en brazos de sus padre, también hermanos de fila. Además, acompañando a las imágenes hicieron estación de penitencia representantes del colegio San Felipe Neri de Extramuros, el hermano mayor de El Carmen y un grupo de miembros del Cuerpo Nacional de Policía Nacional formados en la escuela de Ávila.
El único incidente fue la caída de un cristal de uno de los faroles que portaba uno de los hermanos de fila, y que fue arreglado cuando la cofradía llegó a la Catedral.