
Con a tranquilidad que proporcionaba el sol de justicia que dominaba el cielo y el convencimiento de que este año la meteorología no empañaría el discurrir de la procesión, cientos de devotos, fieles y aficionados a la Semana Santa se congregaban ayer, desde bastante antes de las 17.45 horas en las inmediaciones de la iglesia de la Conversión de San Pablo.
Aproximadamente al mismo tiempo, en el interior del templo, uno de los miembros de la Junta de Gobierno de la Archicofradía del Ecce Homo, Juan Ramírez, dirigía unas palabras de concienciación y meditación a los integrantes del cortejo, que poco a poco iba tomando forma para realizar su estación de penitencia en la Catedral.
Exactamente a las seis menos cuarto de la tarde, las puertas de San Pablo se abrieron y la cruz de guía enfiló la calle Ancha por unos metros, para bajar luego por Novena. Un cuarto de hora más tarde, la cuadrilla dirigida por Juan Manuel Gallardo, ponía en la calle el paso de Nuestro Padre Jesús del Ecce Homo, que este año procesiona por primera vez completamente tallado, aunque todavía sin dorar. Acompañándolo, los sones de las marchas procesionales interpretadas por la Banda de cornetas y tambores Nuestra Señora del Rosario. Cabe destacar el curioso contraste que produce la riqueza y barroquismo del manto del Cristo, con palmas bordadas en oro sobre el terciopelo, con el austero exorno floral que lo rodea.
Emotivo homenaje
Mientras tanto, dentro de San Pablo, se rendía un emotivo homenaje a Manuel Vázquez Pantoja, encendedor de la Archicofradía durante años, recientemente fallecido. Pocos minutos después, el paso de Nuestra Señora de las Angustias salía del templo, mientras que la Banda de Los Palacios y Villafranca tocaba el himno de España. A su paso por la plaza de San Agustín, el Ecce Homo acumulaba un pequeño retraso de aproximadamente quince minutos, algo en lo que posiblemente influyó el hecho visible de que la derecha del paso estaba sufriendo bastante. Muy pasada ya la medianoche, tras realizar su estación de penitencia en la Catedral y volver a recorrer las calles de su feligresía, Nuestro Padre Jesús del Ecce Homo y la Virgen de las Angustias, regresaron a su templo.