
Sol y calor. Un clima muy diferente al Miércoles Santo de 2008, 19 de marzo. Entonces, a las 18.15 horas, caía sobre la ciudad una fuerte lluvia que obligó a la junta de gobierno a tomar la decisión de suspender la salida procesional. Pero ayer no había temores. Todo estaba dispuesto para que Jesús de la Sentencia y Nuestra Señora del Buen Fin se reencontrasen con su barrio de Santa María.
Una hora antes los hermanos llegaban hasta la parroquia de la Merced para formar parte del cortejo, mientras que en la calles de barrio ya no cabía un alma.
Tras el rezo de la oración «por aquellos padres que, Dios sabe por qué motivos, se ven forzados a rechazar el don divino de la vida», dirigida por el director espiritual de la cofradía, se abrieron las puertas del templo a las 18.20 horas, cinco minutos más tarde del horario previsto, y la cruz de guía salió a la plaza de la Merced. Un largo cortejo de hermanos precedía el paso de misterio del Señor, que inició el desfile a las 18.30 horas, realizando la primera levantá el cargador de la cuadrilla Rubén Rodríguez, en memoria de su padre. En la calle se pudo ver por fin la restauración del dorado del paso de misterio, además de las maniguetas. La imagen de Jesús de la Sentencia, con las manos detrás, iba vestida con la túnica que lució en el vía-crucis oficial de las hermandades organizado por el Consejo de Hermandades en marzo. Un hábito en terciopelo rojo, que recuperaba unos bordados antiguos de la hermandad. Además, el romano junto al Señor vestía la ropa primitiva, en blanco con capa azul.
Por otra parte, la hermandad pudo salir a la calle con todas las volutas del canasto después de que, hace dos semanas, durante el traslado del paso, una rama de un árbol destrozase esta parte del paso y arañase el dorado.
Mientras sonaba la marcha Cristo del Amor la cuadrilla de cargadores del paso de palio iniciaba las maniobras para acercar a la Virgen del Buen Fin hasta el dintel del templo. La Dolorosa, vestida al estilo trianero, lucía sobre su paso exornado con flores blancas. Además, la Virgen iba acompañada por las ninfas y Diosa del Carnaval 2009 de mantilla, junto a otras hermanas de la cofradía (algunas con la mantilla más larga de lo que debe vestirse).
La bajada hasta la plaza de San Juan de Dios se convirtió en un hervidero de emociones, siendo recibido ambos pasos con una petalada en la plaza de las Canastas. Con apenas unos minutos de retraso, la cofradía entró en Catedral y continúo su recorrido por la carrera oficial sin incidentes.