
Recuperaba su horario habitual de salida, las 15.15 horas, pero en la hermandad de La Paz ayer habían cambiado muchas cosas. Ignacio Ortiz había dejado su cargo de hermano mayor para convertirse en el mayordomo de la corporación. El actual dirigente, Manuel Rodríguez, ni siquiera vestía su hábito debido a una enfermedad. La restauración del dorado del paso de misterio continuaba igual que en 2008. Además, ya no era la primera hermandad en abrir los cortejos procesionales de la Semana Santa gaditana.
La incorporación de la hermandad del Despojado había obligado a reajustar las salidas del resto de corporaciones del Domingo de Ramos. Borriquita había cedido su lugar a la cofradía salesiana para que saliese la primera. A cambio, ninguna hermandad celebró ayer la ceremonia de la petición de venia a las puertas de sus templos.
Pero a pesar de los cambios, en el interior de la parroquia del Carmen el ambiente era muy similar al de otros Domingos de Ramos. Por la mañana se celebró la misa de bendición de las palmas, presidida por el director espiritual de la cofradía, el padre Francisco Víctor Fernández. Durante la misa se estrenó el Himno a María Santísima del Amparo, escrito por Jesús Devesa, con música de Fernando Devesa y arreglos de Marián Ruiz Castejón, con motivo del 60 aniversario de la bendición de la Dolorosa. Además se le impuso la distinción de San Raimundo de Peñaflor y que, durante la salida procesional, lució en el fajín.
Salida al Mentidero
Los hermanos fueron ocupando su lugar en el cortejo mientras eran observados por la alcaldesa de Cadiz, Teófila Martínez, y los concejales Juan Antonio Guerrero y Ana Mestre, ademas del vicepresidente del Consejo de Hermandades, Juan Carlos Jurado, y el asesor Rafael Guerrero. Todos habían rezado antes dos oraciones por la vida por petición del director espiritual.
A las 15.30 horas, quince minutos después de que las puertas del Carmen se abriesen para dar salida a la cruz de guía, Nuestro Padre Jesús de La Paz se reencontró con el barrio del Mentidero. Media hora después lo hizo Nuestra Señora del Amparo. Aunque antes de la primera levantá, la junta de gobierno hizo entrega al capataz, José Julio Reyeros, de una distinción con motivo de su vigésimo aniversario desempeñando esta función. El capataz se fundió en un sincero abrazo con el mayordomo, Ignacio Ortiz, mientras que el padre Francisco Víctor Fernández bendecía el martillo de plata.
El paso por La Alameda del cortejo se realizó lento, produciéndose pequeños retrasos que, acumulados, provocaron que la hermandad necesita más de dos horas en llegar hasta la plaza de San Agustín. Sin embargo, la cruz de guía sí estaba dispuesta en el punto acordado con el Consejo de Hermandades a la hora prevista. Esto provocó que en los metros que separaban esta insignia con el paso de misterio se produjesen amplios espacios sin la presencia de ningún hermano de fila.
La hermandad después recuperó minutos en su paso por la plaza de la Catedral y a las 19.45 la imagen de María Santísima del Amparo ya reviraba para la calle Santiago y adentrarse en la carrera oficial.